martes, 26 de abril de 2016

Plantas silvestres comestibles

Ahora resulta que no todas las malas hierbas son malas; y tampoco que, porque no las hayamos plantado, tienen que ir (necesariamente) al compostador; y además que aunque sean silvestres, también pueden valer para calmar el hambre. Ahí van unas pocas de las que tenemos en el huerto de La Cornisa:

Jaramago. Diplotaxis catholica. (Fam. Crucíferas). Sus hojas tiernas se pueden consumir como verdura cruda.







 
Mostaza blanca. Sinapis alba (Fam. Crucíferas). Sus semillas se emplean enteras para encurtidos o vinagretas; o bien molidas para hacer la famosa salsa.














 Zurrón de pastor. Capsella bursa-pastoris (Fam. Crucíferas). Las hojas y sus brotes florales se comen crudos o cocinados, con un ligero sabor picante. Además la planta se usa por sus propiedades astringentes y antihemorraicas (empleada desde antiguo para frenar la menstruación abundante entre otras).













Cerraja, lechuguilla. Sonchus oleraceus (Fam. Compuestas). Se comen sus brotes jóvenes. Dicen que es de las silvestres más ricas. Si se deja crecer suele amargar.














Fumaria. Fumaria officinalis. (Fam. Fumaraceas). No es coméstible, pero tiene propiedades medicinales como diurético, depurativo del hígado y acelera la curación de llagas, furunculos y abcesos cutáneos.














CONTINUARÁ...

lunes, 18 de abril de 2016

And the winners are... ¡¡¡LA CORNISA!!!



Y los ganadores del Humus Film Festival, el I Festival de Cortos sobre Huerta y Ciudad, organizado por (el grande, el único, el inimitable e indefectible) Alberto High-Pear con, con el apoyo de la La Casa Encendida y la Red de Huertos Urbanos Comuntiarios, son:

  • Categoría Fantástica: Carmen Granxeiro por "As 20:30 horas"
  • Categoría de Autor: Gonzalo Cort por "Un domingo cualquiera"
  • Categoría de Comedia: El Huerto de la Cornisa por "El agua tenía un precio" 
En una gala sin comparación, dinamizada por un Alberto Peralta poseído por los espíritus de Tip y Coll, se pudo ver el grandísimo primer festival mundial agro-urbano, con 15 cortos grabados con azada, compost, alegría y creatividad.

Para el Huerto de la Cornisa es un honor ser el primer huerto de la galaxia cósmica en ganar un festival de cortos sobre temática hotícola urbana (o al menos eso dicen las malas lenguas).

También valoramos el nivelazo y la ilusión del resto de participantes, especialmente los del Huerto de Adelfas, que para lo que son ellos, lo hicieron bien. Eso sí, se les aconseja que, si al año que viene quieren ganar, lo tienen que hacer un poco mejor...

And the winners are...
Mr. Albert High-pear


We are the champions

El premio

El agua tenía un premio

Carmen Granxeiro, Alberto Peralta, Alberto Cort y El Malísimo

martes, 12 de abril de 2016

El agua tenía un precio. La película


SINOPSIS:
Un forastero llega al huerto para saldar una cuenta pendiente generada hace años. No sabe que la justicia, el valor y la amistad de los hortelanos, todo lo pueden.

Un Espárrago-Western de El Huerto de la Cornisa con:
Flavia Totoro y Floren Tino. Con la participación estelar de Marta Hortelana, Carlos Hortelano, Manu McHortelano, Lucía Hortelana, Ángela Hortelana y el auténtico Jacobo Cayetano, haciendo de sí mismo.
Un filme montado por Manu Hillbilly y escrito y dirigido por Raúl Wildbury

GRAN ESTRENO MUNDIAL: VIERNES 15 DE ABRIL- 19,30 horas - La Casa Encendida

 HUMUS FILM FESTIVAL
Primer Festival de cortos sobre la temática “huerta y ciudad”.
Tres categorías: Fantástica, Corto de autor y Comedia. Tres minutos y medio para contar una agrohistoria que conecte los dos ecosistemas.
Semillaremos desde los cortos más surrealistas, cómicos y amateurs, hasta aquellos cortos de temática más social, más profesionales o poéticos.
Entre medias, dos artistas que pasaron por un huerto comunitario para culturizar su barrio nos mostrarán su talento.

¿Te lo vas a perder?... Yo que tú no lo haría, hortelano.



viernes, 19 de febrero de 2016

Asomados por el huerto (o lo que está pasando en el huerto durante este invierno)

Convento de San Francisco el Grande. Diciembre 2015. Dos frailes franciscanos rezan en una capilla barroca. Arrodillados frente al altar, el más mayor le susurra al oído al otro. Cantos gregorianos de fondo.
- Al hermano compañero de celda otra vez le están echando la bronca por asomarse por la ventana a mirar a los del huerto. Mira que le gusta mirar para allá abajo... Y no me extraña, porque, aun siendo invierno, lo tienen hecho un vergel. Qué romanescus, qué brócolis, qué coliflores... 
- ¿Y qué miraba, a las mozas o al chico guapetón que va siempre con la bici cargada de cachivaches? 
- No, esta vez no. Resulta que fue cocinero antes que fraile y dice que le llegaba un olorcillo muy rico a panceta, choricillos, morcillas... Parece que venía del huerto, pero no creo, porque allí solo crecen cosas verdes. 
-Para mí que está obsesionado porque hace lustros que no cata la carne ¿no es así, hermano...?

Bucarest. Enero de 2016. Casa proletaria de barrio obrero. Vestigios en un nosesabequé de épocas pasadas. El enviado del huerto de La Cornisa a tierras rumanas repasa en la cama las instrucciones concisas de su misión: “Hacer una célula internacional de La Cornisa”. La barba de tres días le pica en la cara. En la vieja radio suenan canciones romaníes de boda. Decidido a cumplir con su cometido se asoma a la ventana:
- Ufffff, otra vez nevado. Mañana ya si eso...

Parque de La Cornisa. Febrero de 2016. Pareja de seminaristas que ya aparecieron en otro relato. Los dos visten de negro. Uno con un jersey con cuello de pico, que le mal disimula su incipiente barriga. El otro, aún no lo sabe, pero llegará a ser arzobispo de Constantinopla. Hablan de los ejercicios que les han puesto en la asignatura “Vida, obra y milagros de los santos”. Un mirlo canta bajo los repollos tras comerse una oronda lombriz. Llegados a la altura del huerto, el seminarista embutido en jersey da un gritito ahogado.
- No te asomes. Démosnos la vuelta. Esto está lleno de pecado. Es un centro de perdición. 
- Voy a tener que rezar todo el fin de semana para que se me quite esa visión llena de lujuria...


Un maniquí deja mostrar con firmeza y frialdad sus curvas esbeltas. El maniquí espera que le vistan para convertirse en espantapájaros. Le gusta más este rol, es más divertido y no tiene que ofrecer su cuerpo para el mercadeo de ropa de moda. No entiende por qué dos hombres vestidos de negro corren haciendo aspavientos camino de la calle Jerte.

Huerto de la Cornisa. Enero de 2016. Un camión con grúa levanta en vilo la caseta. Cruje la cadena. Las ruedas del costado derecho se hincan en el suelo. Una gota de sudor baja por la mejilla de un esforzado hortelano. Una esforzada hortelana, espectante, clava sus uñas en las palmas de sus gráciles manos. El operario del camión masca un palillo mientras, conocedor de su trabajo, tararea un pasodoble. La caseta, descansa en su nueva ubicación, enderezada y bientrecha. El operario escupe al suelo y se quita el gorro de lana de la cabeza.
- ¡Vaya vistas más guapas que se os quedan ahora! Mira, mira, asomaros ¡el mejor atardecer de todo Madrid!

Bucarest. Febrero de 2016. La misma casa proletaria de antes. El celulista tiene los pies fríos. Se levanta y asoma la nariz por la ventana. Lavieja radio aburre con una canción. Nieva. 
- Mañana, ya si eso...

Huerto de la Cornisa. Diciembre de 2015. Dos esforzados hortelanos hacen una zanja. Pican en piedra una vez sí y otra también. Un grupo de gaviotas vuela sobre sus cabezas, pese a que los resultados electorales dicen que este año no volarán ni tantas ni tal alto. Una de Ávila canta a Víctor Jara con acento de Valladoliz. Cerca, el que sudará dentro de un mes cuando venga a mover el camión la caseta, también está allí. Intenta sacar un tubo por un hueco que comunica con un desagüe.
- Ya asoma, ya asoma (grita, tras el duro esfuerzo). ¡Tendremos mingitorio! 
- No hay nada como un buen drenaje (pensamos todos).

Huerto de la Cornisa. Febrero de 2016. Parece que hace frío, pero todavía no. Cuatro mozas se afanan en forrar la caseta con cajas de fruta. El objetivo es aislarlo del calor del verano. Y plantar una enredadera. Tiene pinta de que va a quedar muy propio, muy de huerto urbano. Los ajos extremeños al fin asoman; los ajos chinos hace tiempo que despuntaron. Una de las mozas quiere ser Robert Plant.

Bucarest. Marzo o abril de 2016. En la radio suenan noticias vulgares en esa lengua de raíz latina tan poco entendible. El huertano celulero sospecha que se va a asomar por la ventana y va a estar nevado. Está en lo cierto. Mañana, ya si eso, bajará a construir un huerto de La Cornisa rumano.

Huerto de la Cornisa. Febrero de 2016. El sol calienta; no hace invierno este invierno. En el compostador de uso público se han añadido hojas y se ha removido. Mucha gente trae sus residuos para ser compostados. Pero el candado se atasca, tanto como nuestro cerebro sin su dosis mañanera de café o té. El que esto escribe lee el marco propuesto por la Red de Espacios Ciudadanos. Mueve el entrecejo. Lee y relee, pues quiere saber qué es una iniciativa de gestión ciudadana. Remueve el entrecejo. Se pone bizco, suelta un exabrupto verbal.

Las Iniciativas de Gestión Ciudadana, configura una suerte de definición circular entre ambas, que viene de una fuerte interdependencia de los dos conceptos. Esa Gestión Ciudadana requiere del territorio que compone la suma de espacios abiertos a la confluencia de colectividades, culturas y expresiones sociales. Son lugares donde es posible construir una nueva experiencia de lo social doblemente demarcada. Por un lado, enfrentan la precariedad, la debilidad del lazo social, la dependencia económica y política, la mercantilización, la colmatación del espacio público y su sobrerregulación administrativa. Por otro, se nutren de la creciente riqueza de recursos inmateriales de la ciudadanía: redes, creatividad, formación, saberes, competencias...”

Ni por asomo ha entendido nada... Deja de leer y escucha: Se oyen azadas cavando en el bancal, la carretilla chirría llena de piedras, unos niños juegan en el montón de tierra, alguien invita a cerveza, se han sembrado tirabeques, la rúcula ya puede recolectarse, se charla sobre el pasado y el futuro... un aire fresco llega desde el noroeste, arriba y a la izquierda... Esto es más fácil de entender...

Huerto de la Cornisa. No dejes de asomarte por aquí. La música la pones tú.















lunes, 18 de enero de 2016

¡¡TOD@S CON FLAVIA!!

En el trascurso de las manifestaciones laicas de agosto de 2011 contra la visita del Papa, la policía detuvo a varias personas de forma arbitraria e injustificada. Entre ellas está nuestra compañera del huerto de La Cornisa, Flavia. En el juicio que comienza mañana, la fiscalía pide un año y medio de prisión por desórdenes públicos.

En este vídeo se puede ver perfectamente como Flavia y Belén (compañera de La Cebada) son detenidas mientras caminan tranquilamente por la calle. Sin duda, portar una pancarta fue motivo más que suficiente para que los "empleados públicos" se las llevaran a comisaría.


Flavia, confiamos en que se debe imponer la razón frente a la sinrazón, la verdad frente a la mentira, la ciudadanía frente al abuso del poder. Sabemos que vas a dar calabazas a la injusticia. En eso no hay quien te gane. Te/os necesitamos libres. Sin vosotras las plazas estarán más tristes... y nosotros también.


sábado, 2 de enero de 2016

Receta para una gobernanza de los espacios públicos


Os traemos un plato muy refrescante y sano, salido directamente de los fogones vanguardistas de las plazas de Madrid, y propiciado por el movimiento conocido como StreetFoodUrbanforPeopleSlowOrganicSquareSurrenderSouthernEuropeanNetworkProject (para ustedes P2P Plazas), que pretende ofrecer una dieta urbana alejada de las indigestas recetas tan en boga salidas de cocineros liberales tan poco recomendables como Milton Friedman, Friedrich Hayek y demás enemigos de lo público.

La preparación nos la explican algunas de las mejores cocineras de la Cornisa como Esther, Marta o Flavia, y de otras como Aida y Almu que, aunque no lo sepan, también son de la Cornisa. Aquí os sintetizamos la receta, para cocineros torpes e inexpertos.

Ingredientes:

- Espacio público (con huerto urbano mejor)
- Gente (pero gente normal y corriente, como tú y como yo y como tienes al lado de tí mientras lees esto)
- Derechos ciudadanos legítimos (estén reconocidos o no legalmente)

Preparación:

En primer lugar es preciso una toma de conciencia de la gente. Se cocina a fuego lento hasta que poche, ya que es necesario que se produzca un cambio en la forma en la que se plantean los bienes públicos y las relaciones con las instituciones públicas. Removeremos bien hasta tener claro que los representantes públicos son trabajadores al servicio de la ciudadanía. Seguiremos removiendo regularmente para instar a las instituciones públicas que promuevan las condiciones y medios para que la ciudadanía pueda realizar sin problemas sus actividades.

En la misma sartén se promueve una participación activa de esa gente que ya está espesando en el caldo de la toma de conciencia. Hay que saber usar un lenguaje apropiado para que liguen ambos elementos, para así conseguir un proceso que dure, ya que este tiene que ser para 3, 5 o incluso 10 años. Dejamos a fuego lento el tiempo necesario para que siga espesando, removiendo con cuidado para que no se queme.

Un truco para que el plato resulte más nutritivo es incorporar a cuanta más gente mejor, usando un lenguaje que sea propicio y escuchando todas las voces y opiniones. Aunque es un truco para cocineros experimentados, se recomienda incorporarlo siempre que se pueda pues el resultado final ganará en color y matices de sabores.

Cuando el contenido de la sarten tome el aspecto adecuado, en una sartén aparte deberemos incorporar otras gentes y plazas públicas y juntarlos bien. Hay que conseguir que aumente el conocimiento de lo que se hace en otros lugares, propiciando redes de apoyo.

Serviremos bien calentito y procuraremos dar a conocer masivamente lo que hemos preparado. Buen provecho.

Ahora, explicado por las huertanas (para ver los vídeos en HD pincha aquí https://vimeo.com/148418598):

Marta, coleccionista de guantes de látex:
 


Esther, cervecista:

Flavia, movedora de manos

Almu, la Perlita de Lavapiés:

Aida, admiradora del escriba Morgan:

lunes, 7 de diciembre de 2015

HUERTOS Y ARQUITECTOS

Un elemento cotidiano en todo huerto urbano comunitario que se precie es tener un arquitecto. Tan común en estos espacios como una regadera, una azada o un botijo. Con un poco de atención visual y auiditiva es fácil identificarlos. Mayoritariamente no son mala gente pero tampoco parecen un peligro para el sistema. Están ahí y hay que comprenderlos, respetarlos e incluso pueden llegar a ser tus compañeros.

Para entender cómo los arquitectos han realizado ese largo viaje desde los depachos de un estudio de arquitectura hasta los bancales de un huerto urbano hay que remontarse a los tiempos previos al boom inmobiliario. En esa época un arquitecto (normalmente tío, que tías había pocas) era una persona que se dedicaba básicamente a planificar y proyectar casas. No había muchos y vivían bien. Con la fiebre del ladrillo, las escuelas de arquitectura no pararon de escupir nuevos arquitectos y arquitectas dispuestas a ofrecer sus servicios a las nuevas demandas del mercado. En líneas generales, y salvo algunas excepciones, encontrábamos tres tipos diferentes, cada uno con una misión que se amoldaba a las necesidades del negocio recién formado: estaba el clásico que hacía casas, bien en la versión de bloques de edificios en masa para el extrarradio de cualquier ciudad, o bien en la versión de ristra de adosados o pareados (con o sin piscina); estaba el urbanista que proyectaba los PAUs con muchas rotondas, resorts o urbanizaciones (con o sin campo de golf) donde se iban a colocar los sarmientos de adosados o bloques; o bien estaba el arquitecto municipal (con o sin participación en los pelotazos) que firmaba proyectos a destajo. En esta época había muchos (y muchas) y también vivían bien.

Explotó la burbuja inmobiliaria y cienes y cienes de arquitectos y arquitectas se quedaron mano sobre mano. Eran muchos y muchas y ya no vivían muy bien ¿Qué hacer entonces? Dos elementos se cruzaron en su camino: el palet de obra y el solar huérfano del despiporre del pasado. A falta de ladrillos había madera de baja calidad y barata con la que fabricar un nuevo mobiliario adaptado al momento; a falta de suelo recalificado había suelo que no se urbanizaría en años, a disposición del que lo cogiera. Y es en este momento donde los arquitectos entran a formar parte del paisaje agro-urbanita.

Armados de atornilladores eléctricos se dispusieron, con frenética saña, a llenar de todo tipo de enseres, estructuras, piezas y cachivaches las "zonas estanciales" de los huertos urbanos. Proliferaron gradas (con y sin ruedas), bancos, amacas, columpios, mesas, sillas imposibles, bancales de diseño, umbráculos, cúpulas geodésicas e invernaderos (con y sin utilidad)... Pero al mismo tiempo fueron produciendo un nuevo lenguaje que poco a poco fue calando entre los hortelanos como el chirimiri en la tierra reseca. Los solares dejaron de ser solares, pasaron a llamarse "espacios públicos de autogestión ciudadana colectiva"; si se quedaba para currar entre varios se trataba de "construir redes abiertas de trabajo"; si entre todos pensábamos cómo queríamos el huerto, estábamos "planteando tipologías de restauración como acto creativo en el espacio público"; si hacíamos un bancal estábamos haciendo "urbanismo con nuestras propias manos"; las asambleas se convirtieron en "sistemas constructivos que permiten la creación colectiva y el diseño con múltiples cabezas"... y un sin fin de sintagmas de difícil comprensión para el profano pero que tan elegante quedaba en la boca de quien lo pronunciaba.

Cuando están en estado de reposo, para diferenciarles del resto de los hortelanos no tienes más que decir que sabes dónde hay un solar sin ocupar. De forma automática se le encenderá un brillo misterioso en la mirada y un colmillo le asomara entre la comisura de sus labios. Seguidamente se interesara por su localización, dimensiones y propietarios..., para, a continuación, planear "un proceso participativo con los actores principales del barrio que formen un grupo motor que dinamice el proceso creativo de diagnóstico y planificación del espacio". Osea que hablarán con la asociación de vecinos del lugar para llenar aquéllo de gradas (con o sin ruedas), bancos y cúpulas geodésicas fabricadas con palets.

Como decíamos, a pesar de sus rarezas, no son mala gente. Ya no proyectan urbanizaciones (con o sin campo de golf) ni hoteles lujosos (con o sin spa).  En La Cornisa tenemos unos cuantos (con o sin barbas). Otros nos visitan de vez en cuando y, mirando hacia el horinzonte, se ponen a imaginar plataformas que vayan de árbol a árbol para aumentar la zona estancial. Algunos traen orujo cántabro de alta calidad, otros además saben partir queso de cabra.

Lo que ellos no saben es que participamos en un proyecto municipal de reinserción del arquitecto desubicado. Por cada arquitecto acogido con intenciones de "hacer ciudad", el área de educación ambiental del Ayuntamiento nos regala un juego completo de sartenes y una mantelería. No dejéis de pasaros por La Cornisa, podréis conocer in situ lo que aquí os contamos... y ya de paso os lleváis un juego de sartenes (con o sin teflón), que ya no caben en la caseta...

El gran Floren (a la derecha) con el incomparable Ruben Basurama, gran cortador de queso
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Cinco juegos de sartenes

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Gradas (con ruedas)

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